Juan Garrigó Mejía reivindicó con orgullo ser hijo de Carolina Mejía y nieto de Hipólito Mejía al asumir la Secretaría General del PRM. Pero el verdadero debate va mucho más allá de su apellido: ¿qué ocurre cuando la sucesión entre familiares deja de sorprender y comienza a ser absorbida como algo normal dentro de las estructuras de un partido?
Las Noticias Como Son, SANTO DOMINGO, REPÚBLICA DOMINICANA.– Juan Garrigó Mejía asumió formalmente la Secretaría General del gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM) para el período 2026-2030, sustituyendo precisamente a su madre, Carolina Mejía, quien ocupaba el cargo desde 2018. Garrigó es además nieto del expresidente Hipólito Mejía, una circunstancia que ha colocado nuevamente sobre la mesa un fenómeno que la democracia dominicana debería discutir seriamente: la institucionalización del nepotismo político. citeturn543364search1turn543364search5
No se trata necesariamente de afirmar que Garrigó carece de capacidad ni de sostener, sin pruebas, que su elección haya violado alguna ley. El problema institucional es más profundo.
La institucionalización del nepotismo ocurre cuando el favoritismo hacia familiares se normaliza, se disfraza o termina absorbido dentro de las reglas, estructuras y tradiciones formales de una organización o del propio Estado.
Es decir, llega un momento en que ya no hace falta entregar un cargo familiar a escondidas. El sistema político aprende a hacerlo mediante convenciones, consensos, votaciones internas y procedimientos formalmente válidos hasta que la sucesión entre parientes comienza a percibirse como una consecuencia natural del funcionamiento de la organización.
Y ahí está precisamente el debate que deja la llegada de Juan Garrigó a la Secretaría General del PRM.
De la madre al hijo
Carolina Mejía fue secretaria general del PRM desde 2018.
Ocho años después, quien ocupa esa posición es su propio hijo.
Juan Garrigó no llegó a un puesto cualquiera dentro de la organización: asumió precisamente la Secretaría General que había encabezado su madre, mientras su abuelo, Hipólito Mejía, continúa siendo una de las figuras históricas de mayor influencia dentro del partido. citeturn543364search0turn543364search5
Ese hecho no demuestra por sí solo que exista una operación ilegal de nepotismo.
Pero tampoco debería ser despachado simplemente diciendo que Garrigó tiene derecho a participar en política.
Por supuesto que lo tiene.
El punto es otro: ¿qué oportunidades reales tiene un dirigente del PRM sin apellido presidencial, sin padres en la dirección partidaria y sin décadas de conexiones familiares para alcanzar la misma posición?
Esa es la pregunta institucional.
Porque cuando la madre abandona una de las posiciones más poderosas de un partido y el hijo termina ocupándola, el escrutinio público no solamente es legítimo: es necesario.
“Soy nieto de Hipólito y el hijo orgulloso de Carolina”
Garrigó decidió enfrentar directamente esas críticas durante su juramentación.
“Yo soy el nieto de Hipólito Mejía y el hijo orgulloso de Carolina Mejía”, proclamó frente a los presentes.
El nuevo secretario general aseguró que algunos han pretendido descalificarlo por su apellido y defendió a su familia como su principal orgullo. También sostuvo que ser descendiente de esas figuras representa para él una obligación moral de hacer las cosas correctamente y superar las expectativas. citeturn543364search1turn543364search4
Defender a la familia merece respeto.
Desde una visión conservadora y cristiana, honrar a los padres, reconocer a los abuelos y sentirse orgulloso de una familia unida no constituye ningún pecado político.
Todo lo contrario.
El conservadurismo auténtico defiende la familia, pero también defiende la responsabilidad individual, el mérito, las instituciones y la igualdad ante las reglas.
Una cosa es heredar los valores de una familia.
Otra muy distinta es que las posiciones de poder comiencen a parecer hereditarias.
Y confundir ambas cosas sería hacerle un flaco servicio precisamente a los valores conservadores que dicen defender la responsabilidad personal.
El problema no es el apellido; es cuando el sistema gira alrededor de los apellidos
Juan Garrigó no escogió ser nieto de Hipólito Mejía ni hijo de Carolina Mejía.
Sería injusto descalificarlo exclusivamente por eso.
Pero también sería ingenuo pretender que esos vínculos son políticamente irrelevantes.
Su madre fue secretaria general del partido.
Su abuelo fue presidente de la República.
Su madre es alcaldesa del Distrito Nacional y una de las dirigentes más importantes del oficialismo.
Y ahora Garrigó ocupa uno de los cargos más poderosos de la organización.
Los hechos están ahí.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), al abordar la integridad pública, destaca la importancia de sistemas basados en el mérito precisamente como contrapeso frente al patronazgo y el nepotismo, y advierte que los sistemas meritocráticos reducen oportunidades para que relaciones políticas o familiares sustituyan criterios objetivos. citeturn200901search5
La institución también advierte que el favoritismo y otras conductas que erosionan la integridad pueden debilitar la confianza en las instituciones democráticas. citeturn200901search2
Aunque esas normas están formuladas principalmente dentro del ámbito de la administración y la integridad públicas y no constituyen una acusación específica contra el PRM, el principio resulta pertinente para analizar cualquier organización política que aspire a gobernar democráticamente:
cuando los vínculos personales comienzan a pesar más que la competencia abierta, las instituciones se debilitan.
Cuando lo excepcional se convierte en tradición
El nepotismo más fácil de identificar es aquel en que un funcionario simplemente coloca a un hermano, hijo, esposa o primo en una posición bajo su control.
Pero existe una versión políticamente mucho más sofisticada.
Es aquella en que las estructuras internas terminan acostumbrándose a reproducir las mismas familias.
La elección ocurre.
Los delegados votan.
Los estatutos se cumplen.
La convención se celebra.
Todo parece institucional.
Pero, generación tras generación, los mismos apellidos continúan ocupando los espacios superiores.
Ahí es donde surge el concepto de nepotismo institucionalizado.
No porque toda persona perteneciente a una familia política sea automáticamente incapaz o corrupta, sino porque la organización desarrolla mecanismos mediante los cuales una ventaja familiar inicial puede transformarse en influencia política permanente.
El procedimiento puede ser perfectamente formal mientras el resultado continúa favoreciendo una estructura cerrada.
¿Consenso o competencia real?
Juan Garrigó fue escogido dentro de la reorganización de la dirección del PRM que también llevó al presidente Luis Abinader a presidir formalmente el partido.
Garrigó sostiene que su trayectoria no comenzó ayer. Ha trabajado dentro del Gobierno y del PRM y afirma haber crecido políticamente junto a dirigentes de la organización. Antes de asumir la Secretaría General también dejó su posición en el Gobierno para concentrarse en las responsabilidades partidarias. citeturn543364search1
Ese recorrido debe formar parte de cualquier evaluación seria sobre su figura.
Pero tener trayectoria propia no elimina la discusión sobre las ventajas estructurales de pertenecer a una familia de enorme peso político.
Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Garrigó puede haber trabajado durante años.
Y también puede haber disfrutado de oportunidades, conexiones, reconocimiento y acceso que difícilmente tendría un joven dirigente común del PRM.
Determinar cuánto influyó cada factor en su elección requiere evidencias que no están disponibles públicamente.
Precisamente por eso la transparencia y la competencia interna son fundamentales.
Hipólito, Carolina y ahora Juan
La democracia dominicana debería mirar el fenómeno más allá de Juan Garrigó.
República Dominicana lleva décadas conviviendo con familias políticas.
Hijos de presidentes.
Esposas de dirigentes.
Hermanos de funcionarios.
Parientes convertidos en candidatos.
Generaciones enteras entrando a los mismos partidos y ocupando posiciones de poder.
Algunas de esas personas pueden ser extraordinariamente capaces.
El problema no es prohibirles hacer política.
El problema aparece cuando ser miembro de una familia poderosa se convierte en una especie de capital político hereditario que otros ciudadanos simplemente no pueden adquirir mediante trabajo, preparación y militancia.
Entonces la democracia comienza a parecer menos una competencia abierta entre ciudadanos y más una circulación de élites familiares.
Un partido no es una herencia
El propio Garrigó ofreció una frase reveladora durante su intervención.
Después de mencionar a numerosos dirigentes con quienes asegura haberse criado políticamente, afirmó que su “familia es el PRM”. citeturn543364search1
Puede entenderse como una expresión de afecto hacia la organización.
Pero los partidos democráticos deben tener cuidado precisamente con esa concepción.
Un partido no debería funcionar como una familia.
Una familia se construye sobre sangre, lealtad, afecto y vínculos permanentes.
Una institución democrática debería construirse sobre reglas, competencia, capacidad, rendición de cuentas y oportunidades abiertas.
Cuando esos dos mundos comienzan a confundirse, aparece el riesgo de que las lealtades personales terminen predominando sobre las institucionales.
Defender la familia también significa impedir que el poder se convierta en patrimonio familiar
Desde nuestra visión conservadora, la familia es una institución fundamental de la sociedad.
Pero precisamente porque creemos en la familia, debemos distinguirla claramente del Estado y de las instituciones políticas.
Un padre tiene obligaciones especiales hacia sus hijos.
Un abuelo tiene razones legítimas para querer que sus nietos prosperen.
Eso pertenece al ámbito familiar.
Pero un partido que aspira a gobernar millones de ciudadanos debe operar bajo principios diferentes.
Sus posiciones no pertenecen a ninguna familia.
Sus estructuras no deberían heredarse.
Y sus cargos no deberían convertirse en extensiones naturales del patrimonio político de un apellido.
Aquí no se trata de atacar a Hipólito Mejía, Carolina Mejía o Juan Garrigó por ser familia.
Se trata de preguntarnos qué tipo de democracia queremos construir.
La institucionalización del nepotismo es más peligrosa precisamente porque parece normal
Ese es quizás el elemento central de todo este debate.
Cuando un caso de nepotismo es burdo, provoca indignación.
Cuando se institucionaliza, deja de sorprender.
La sociedad comienza a decir:
“Él siempre ha estado en política”.
“Su familia fundó el partido”.
“Ella tiene experiencia”.
“Es natural que sea el próximo”.
“Todo el mundo lo conoce”.
Y poco a poco aquello que debería provocar preguntas termina convertido en tradición.
Ese proceso puede resultar mucho más peligroso que un simple nombramiento familiar porque ya no depende de una sola persona.
La propia cultura de la organización empieza a reproducirlo.
Por eso la pregunta que debería hacerse el PRM no es únicamente si Juan Garrigó está preparado.
La pregunta verdaderamente importante es:
¿Había dentro de un partido con cientos de miles de militantes una competencia suficientemente abierta para que cualquier dirigente con méritos similares tuviera una posibilidad real de llegar a la Secretaría General?
Si la respuesta es sí, el PRM debería poder demostrarlo mediante sus procesos institucionales.
Si la respuesta es no, entonces República Dominicana está frente a una discusión mucho mayor que Juan Garrigó.
Está frente a la normalización de una cultura política en la que el apellido continúa funcionando como una credencial de acceso al poder.
Juan Garrigó tiene ahora la oportunidad de responder con hechos
Nada de esto significa que el nuevo secretario general esté condenado al fracaso.
Al contrario.
Precisamente por su apellido, Garrigó tiene una oportunidad excepcional de demostrar que puede romper con esa percepción.
Puede promover procesos internos más competitivos.
Puede abrir espacios para dirigentes sin padrinos políticos.
Puede defender elecciones transparentes.
Puede garantizar que las oportunidades dentro del PRM no dependan de ser hijo, nieto, hermano o protegido de nadie.
Y puede demostrar que su propio ascenso no será el comienzo de una nueva dinastía.
Porque el verdadero mérito no consiste en negar las oportunidades que un apellido puede proporcionar.
Consiste en reconocerlas y luego demostrar que uno habría merecido llegar incluso sin ellas.
La familia merece orgullo. El poder exige mérito.
Y cuando una democracia deja de distinguir entre ambas cosas, el nepotismo deja de ser una excepción y comienza a convertirse en institución.
#VideoLD | “Yo soy un hijo del Partido Revolucionario Moderno (PRM)”: Esta fue la expresión que, con orgullo, pronunció Juan Garrigó Mejía, nuevo secretario general de la organización, al referirse a las críticas y descalificaciones que ha recibido por su apellido.#ListínDiario pic.twitter.com/VxO0CnKBwy
— LISTÍN DIARIO (@ListinDiario) September 6, 2026
Fuentes consultadas
Diario Libre — Documentó la juramentación de Juan Garrigó, sus declaraciones en defensa de su apellido y su reconocimiento público como hijo de Carolina Mejía y nieto de Hipólito Mejía.
https://www.diariolibre.com/politica/partidos/2026/09/06/garrigo-mejia-sale-en-defensa-de-su-familia-en-su-juramentacion-en-prm/3650956 citeturn543364search1
Noticias SIN — Confirmó que Garrigó asumió la Secretaría General del PRM para el período 2026-2030 y que sustituyó a Carolina Mejía, su madre, quien ocupaba el puesto desde 2018.
https://noticiassin.com/pais/nacional/2026/09/06/juan-garrigo-responde-a-criticas-por-sus-vinculos-familiares-en-la-politica-2109601/ citeturn543364search5
Partido Revolucionario Moderno (PRM) — Perfil institucional de Carolina Mejía que documenta su trayectoria dentro de la organización y su relación familiar con Juan Garrigó.
https://prm.org.do/carolina-mejia/ citeturn543364search0
OCDE — OECD Public Integrity Handbook — La organización destaca los sistemas basados en mérito como mecanismo para limitar el patronazgo y el nepotismo y fortalecer una cultura institucional de integridad.
https://www.oecd.org/en/publications/2020/05/oecd-public-integrity-handbook_598692a5/full-report/merit_2cd724a3.html citeturn200901search5
OCDE — Government at a Glance 2025 — Examina cómo el favoritismo y otras conductas que comprometen la integridad pública pueden afectar la confianza en las instituciones democráticas.
https://www.oecd.org/en/publications/government-at-a-glance-2025_0efd0bcd-en/full-report/perceptions-of-public-sector-integrity_dd721ac4.html citeturn200901search2
Aclaración editorial: Las fuentes verifican el parentesco, la sucesión en la Secretaría General y las declaraciones de Juan Garrigó. “Institucionalización del nepotismo” es el marco de análisis y opinión de esta publicación, no una determinación judicial ni una conclusión oficial de que Juan Garrigó o el PRM hayan cometido un acto ilegal de nepotismo.


